Tuesday, April 12, 2005

¿JEFE O PRESIDENTE?

¿JEFE O PRESIDENTE?

“… la primera convención, además de aprobar el estatuto del partido, nombro Jefe del mismo y candidato a la presidencia de la Republica, para el periodo que principiaría el 30 de noviembre del 91, al Dr. Bonilla, postulación que, partiendo del elemento independiente y patriota del país, fue acogida con gran entusiasmo por las masas electorales …”José Ángel Zúñiga Huete

Por Omar Edgardo Rivera

El 29 y 30 de Abril del 2005, se realizara en Tegucigalpa, MDC, en el Gimnasio de la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán” (UPNFM), la Convención Nacional del Partido Liberal de Honduras (PLH); en este evento, serán juramentadas las nuevas autoridades del Consejo Central Ejecutivo de ese instituto político.

El PLH es el mas antiguo de los partidos en el país; oficialmente fue fundado el 5 de Febrero de 1891. Sin embargo, su formación se fue consolidando a través de la historia republicana y tuvo su precipitación institucional a partir de 1884.

En ese año, el Doctor Celeo Arias (bisabuelo del banquero copaneco y presidenciable liberal Jorge Bueso Arias) –quien ya había sido Presidente de la Republica del 12 de Mayo de 1872 al 11 de Enero de 1874, en lo que algunos historiadores denominarían un vaivén anárquico- organiza en Comayagua un movimiento denominado Liga Liberal, designando como representante y delegado en Tegucigalpa y en el sur de Honduras, al Doctor Policarpo Bonilla; el objetivo de ese grupo liberal era fundamentalmente “la participación política a nivel nacional, con ideas avanzadas” de hombres que se revelaran ante el absolutismo y la gestión autocrática de regimenes autocráticos y conservadores como los de Luis Bográn.

Policarpo Bonilla escribiría en el periódico “El Bien Público”, en Diciembre de 1890: “Vióse (Marco Aurelio) Soto obligado a dejar el poder; sucedióle el general Bográn, rodeado de todo el prestigio de un hombre nuevo; llamo antes, a los conservadores de antaño, mezclados con antiguos Leivistas (Ponciano Leiva, a quien nombro Ministro de Guerra) y por ello renació, improvisadamente, la agrupación Arista (Celeo Arias), que desde entonces tomo el nombre de liberal”.

Como lo mencionábamos, bajo la dirección de Arias, el liberalismo trato de organizarse, “pero tomaron el acuerdo de hacerlo en forma secreta, por no estar acostumbrado el gobierno ni el publico a los sistemas modernos de acción política y para evitar que la actitud del liberalismo se interpretara en un sentido demagógico o anárquico” según nos cuenta José Ángel Zúñiga Huete en su reducida biografía sobre Luis Bográn. Pero de nada sirvió la prudencia de los lideres liberales: “La sola circunstancia de ser secreta la Liga causo alarma y hasta se califico de complot revolucionario con Don Marco Aurelio Soto (según la historiadora Alexis Argentina González de Oliva, el 29 de Mayo de 1885 zarpo de Nueva York una expedición filibustero en el vapor Dorian mandado, según se afirmo por el ex presidente Marco Aurelio Soto, con el objeto de desembarcar en alguno de los puertos del norte para revolucionar en el país y cambiar el orden de cosas que existía en Honduras. A finales de Julio salio del mismo puerto el Vapor City of Mexico, conduciendo los mismos elementos de guerra. Ambas expediciones fracasaron en sus propósitos.). Tal fue el efecto que produjo el derecho de reunión, por lo cual sufrieron algunos socios males que no nos proponemos relatar” (Grimaldi).

Celeo Arias se presento a las elecciones presidenciales de 1887, perdiendo ante el oficialismo encabezado por el general Luis Bográn; el panfleto “Mis Ideas”, propuesta Arista no determino el destino, pese a ser –para la época- un “documento de doctrina avanzado, radical y moderno”, en el cual se exponían los valores y principios relacionados al liberalismo, a las libertades inherentes a la persona humano y a lo que hoy todos conocemos como derechos de primera y segunda generación.

Arias domino la escena política liberal por muchos años (murió en 1890), y fue sustituido en esas funciones por su “delfín” y protegido, el Doctor Policarpo Bonilla, quien con ferviente entusiasmo fortaleció un liderazgo y actúa acorde a la histórica encomienda de formalizar la institucionalidad del liberalismo hondureño.

El 8 de Noviembre de 1890 se sublevo contra el gobierno de Luis Bográn el General Longino Sánchez, Comandante de Armas Departamental, quien venia resistiéndose de las intrigas palaciegas que los Ministros Carlos F. Alvarado y Simeón Martínez, hacían contra el, por lo que resolvió vengarse de ellos al mismo tiempo que la oficialidad resolvió su inmediata destitución. “Entre las seis y siete de la noche, acompañado de numerosa escolta militar, el General Sánchez se dirigió rumbo al Palacio del Ejecutivo, cambio las guardias e hizo prisioneros a los oficiales del Estado Mayor y dio a conocer con otras medidas dictadas al momento, que había desconocido al gobierno a quien servia”, nos relata A. A. González de Oliva.

Ante esa emergencia, los liberales, encabezados por el Doctor Policarpo Bonilla, Erasmo Velásquez, José Maria Reina, Miguel R. Dávila, Dionisio Gutiérrez y otros, acudieron a sostener el gobierno y a sofocar la asonada, que termino con la derrota, persecución y suicidio del insurgente. El General Bográn intento reorganizar su gobierno, trayendo nuevos elementos del liberalismo, pero luego rectifico y volvió al despotismo con que estaba acostumbrado a gobernar.

Después de haber defendido la causa de la Ley, el liberalismo continuo desarrollando su labor de organización, contando con magnifico ambiente y el prestigio en todas las esferas sociales del país. El 29 de Enero de 1891 se reunió la primera fiel representación del colectivo liberal, y sobre el programa (“Mis Ideas”) de Celeo Arias se elaboró el “Estatuto Fundamental” de la agrupación, el 5 de Febrero siguiente. En esa misma asamblea se nombro como “Jefe” y candidato a la presidencia de la Republica, para el periodo que iba a principiar el 30 de Noviembre de aquel año, al Doctor Policarpo Bonilla (fue Presidente de la Republica del 22 de Febrero de 1894 al 1 de Febrero de 1899; “el 15 de Diciembre del 94 la Asamblea Nacional declaro electo Presidente de la Republica al Dr. Bonilla por el voto de 40,621 ciudadanos, sobre una base de 43,032 sufragantes. El general Manuel Bonilla salio electo, por igual votación, Vicepresidente del Estado”).

Estas dos figuras caudillezcas –Arias y Bonilla- ejercieron una enorme influencia en el liberalismo de Honduras desde una tradición mesiánica, que aunque contrastante con la doctrina que difundían y profesaban, se constituyo en hábito naciente, reglamentado en la original carta magna del PLH.

Acostumbrados a tener una figura influyente, dominante sobre los fieles al partido y “luz de faro” que iluminaba el camino de los prosélitos bonillistas, la primera Constitución del Partido Liberal de Honduras(PLH) de 1891, establecía que el partido era regido por un Gobierno General, mismo que era “ejercido por una Convención y por el Jefe y Vicejefe del partido”; la Convención –formada por Diputados electos en asambleas locales- tenia dentro de sus atribuciones “declarar la elección del Jefe y Subjefe del partido” quien duraba en su cargo mientras mereciera la “confianza” del partido.

Según la Carta Magna partidaria (que había sido aprobada –entre otros- por Miguel R. Dávila, Salvador Aguirre, Santiago Cervantes, Gonzalo Mejia Nolasco, Marcial Soto y Rómulo E. Duron. Zúñiga Huete, en su obra “Presidentes de Honduras” nos dice que “algunos de ellos como Salvador Aguirre, figuraron luego en las filas conservadoras, como para acreditar el dicho de Lamartine: “No hay corazón de veinte que no sea republicano, ni gastado de sesenta que no sea servil ”. Continua diciendo el León del Liberalismo, “el fenómeno no es raro. Nuestra historia política esta plagada de infidencias y volcamientos. Si formulamos recuento de los tránsfugas del Partido Liberal nos convenceríamos de que el fariseísmo político forma legión en el trópico”), el Jefe únicamente podría ser removido de su cargo si se presentaba alguna “imposibilidad física o perpetua, renuncia, traición a la Patria o al partido, violación de su Constitución, perdida de los derechos ciudadanos, domiciliarse fuera del país o ausentarse de el por causas extrañas a la política o aceptar empleos de cualquier gobierno que no lo sea de Centroamérica”; también, se suspendería de las funciones de jefe del partido si el mismo llegara a ser Presidente de la Republica.

El jefe del partido tenia las atribuciones de “convocar a elecciones de Vicejefe y a las de candidato para la Presidencia de la Republica, si faltara tiempo para reunir la Convención (aun y cuando le correspondía también la facultad de convocar a la Convención, presidirla, presentar proyectos y tener voto decisivo en ella); vigilar la conducta de las juntas directivas y de los miembros del partido, y censurarlas, o si la gravedad de la falta lo exigiere, convocar la asamblea respectiva para que se le juzgue (en caso urgente, era facultad del jefe partidario acordar la remoción de aquellos dirigentes, ordenando nueva elección, o la expulsión de estos); conocer de las quejas contra las decisiones de las juntas seccionales; decidir la conducta que el partido debe observar en la Republica, en todo lo que sea de interés general, y dictar reglamentos y todas las providencias que crea oportunas; representar al partido en sus relaciones interiores y exteriores, procurando ponerlo en relación con los partidos de Centroamérica con los cuales haya la mayor similitud de propósitos; proponer los candidatos para Diputados al Congreso Nacional, o para otros cargos semejantes; conceder o negar permiso a los miembros del partido, para aceptar empleos públicos de carácter administrativo o militar con jurisdicción general o departamental (según esta misma Constitución, únicamente se podía negar ese permiso por motivos especiales de gravedad); delegar las atribuciones en las juntas directivas seccionales; convocar a sesiones a las asambleas departamentales o locales del lugar donde se encuentre, y presidirlas; y, dar cuenta de sus actos a la Convención en su reunión anual (como dice Miguel Ángel Cornejo: es mejor pedir perdón que pedir permiso!)”.

De tal forma que el “Jefe” era el mandamás, el amo y señor del partido.

Las cosas fueron evolucionando a lo largo del ultimo siglo; en la nueva Constitución del PLH, aprobada el 26 de Mayo de 1920 (donde participaron distinguidos liberales como Ángel Zúñiga Huete), se disminuía el poder unilateral del jefe de partido al establecer un “Consejo Supremo (que tendría) la función ejecutiva del partido” estaba integrado por cinco miembros propietarios y tres suplentes, “elegidos directamente por las Asambleas Locales, y por la Convención por primera vez”.

En 1953, una comisión designada por el Consejo Supremo del PLH, integrada –entre otros- por Ramón Villeda Morales, Modesto Rodas Alvarado y Oscar A. Flores (fundador de La Tribuna y padre del ex Presidente de la República Carlos Roberto Flores Facusse), elaboro un proyecto de Estatutos del PLH, que fueron aprobados por la Convención Nacional, el 3 de Mayo de 1953, cita a la cual acudieron como representantes de los distintos departamentos del país, recordados dirigentes como: Santiago Meza Cálix (quien la presidio), Andrés Alvarado Puerto, Carlos Roberto Reina, Darío Montes, Eduardo Gauggel y Enrique Ortez Pinel.

Dichos estatutos establecían, con absoluta claridad y contundencia, que en el PLH “la máxima autoridad” era la Convención, misma que se integraría con los delegados nombrados por los Consejos Locales; además, se incorpora por primera vez en la historia institucional del partido la figura del Consejo Central Ejecutivo como órgano administrativo, constituido inicialmente por siete miembros propietarios y cinco suplentes (un presidente, cuatro vocales, un tesorero y un fiscal), electos por la Convención .

Y como para ratificar la búsqueda de una horizontalidad en la gestión partidaria, los estatutos de 1953 creaban el Consejo Consultivo, cuya función seria “de mera consulta o asesoramiento cuando se trate de asuntos de trascendencia para el país y para el partido”; dicho consejo estaba integrado por diecisiete miembros, uno por cada departamento de la Republica (no olvidemos que en esa época el departamento de Gracias a Dios no había sido creado; fue hasta el 21 de Febrero de 1957 que esa zona del país se convirtió en departamento, antes, pertenecía al Municipio de Iriona, Colon).

En plena dictadura militar y luego del fugaz desempeño presidencial de Ramón Ernesto Cruz (18 meses – del 6 de Junio de 1971 al 4 de Diciembre de 1972), el PLH celebro en la Ciudad de Tegucigalpa, una Convención Extraordinaria el 4 de Abril de 1974 (tres días antes que el dictador castrense, Oswaldo López Arellano, nombrara una comisión investigadora para que, “haciendo uso de los procedimientos que estime convenientes, determinara la veracidad o falsedad de la denuncia de soborno hecha por el diario Wall Street Jornal, que se edita en al Ciudad de New York, Estados Unidos de América”, y que según el mismo rotativo fue hecho a un alto funcionario del gobierno de Honduras”… el famoso bananagate) en la que aprobó nuevos estatutos, mismos que ampliaban la estructura organizacional del PLH incorporando novedosos órganos como: a) el Directorio Nacional; b) el Instituto de Estudios Económicos, Sociales y Políticos; c) el Instituto de Educación Política Popular; d) los Frentes Femeninos Liberales; e) los Frentes de Juventud Liberal; f) la Asociación de Obreros y Campesinos Liberales; y, g) la Asociación Liberal de Profesionales.

De igual forma, esta Convención Extraordinaria de 1974 (la cual presidiría Modesto Rodas Alvarado, y en la que se desempeñarían como secretarios Héctor Orlando Gómez Cisneros y Efraín Bu Girón) ratificaría –en los recién aprobados estatutos- la condición de máxima autoridad del partido a, lo que de ahora en adelante denominarían: Asamblea General; y ampliarían la conformación del Consejo Central Ejecutivo del PLH (CCEPLH) a siete miembros propietarios y cinco suplentes, así: un Presidente; un Secretario General; un Secretario de Asuntos Juveniles, Obreros y Campesinos; un Secretario de Asuntos Financieros; un Secretario de Organización y Propaganda; un Secretario de Asuntos Femeninos y Sociales; y un Secretario de Capacitación Política.

Cada vez mas de diversificaba y especializaba la operatividad de los miembros de la autoridad partidaria, se desverticalizaba el uso del poder y se disminuía la figura patriarcal y autoritaria del presidente del partido, luego de casi tres cuartos de siglo de existencia institucional, por lo menos en términos formales. Las atribuciones del Presidente del CCEPLH se circunscribían a presidir y dirigir sesiones, coordinar las actividades del partido y administrar junto al Secretario de Finanzas la hacienda partidaria.

Ya en democracia, los liberales se reunieron en una Convención Nacional Extraordinaria el dos de Julio de 1988, en la Ciudad de San Pedro Sula, Cortes, a fin de reformar los Estatutos del PLH (esta convención fue presidida por Marco Antonio Hepburn, y lo acompañaron en la mesa directiva Oscar Armando Ávila, Jaime Rosenthal Oliva, Efraín Domínguez, Wilfredo Castellanos, Adalberto Barahona y Humberto Pineda Santos); dicha reforma era impostergable debido a la necesidad de adaptar la norma partidaria las recientes innovaciones introducidas a la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas, mediante Decreto Legislativo #147-86, del 27 de Octubre de 1986 (la esencia de esta reforma a la Ley Electoral vigente en aquellos años, era la democratización interna de los partidos políticos, especialmente al establecer como requisito ineludible la practica de elecciones internas para la conformación de las estructuras partidarias y las planillas a cargos de elección popular).

Un aspecto esencial de los estatutos aprobados a finales de la década del ochenta, era el hecho que los delegados a la Convención Nacional, ya no serian electos en las asambleas locales, sino que surgían de las elecciones internas del PLH, en las que podían participar las distintas movimientos, corrientes y tendencias internas del PLH.

En cuando a la estructura ejecutiva-administrativa partidaria, se ampliaba el numero de integrantes del CCEPLH a nueve, incorporándose dos nuevas secretarías: una Secretaría de Asuntos Internacionales y una Secretaría de Asuntos Juveniles y Estudiantiles (la ultima reforma estatutaria incorpora además de las antes mencionadas, dos nuevas secretarías en el CCEPLH: la Secretaría de Integración Centroamericana y la Secretaría de Ambiente ).

Del mismo modo, le quitarían la facultad a los órganos administrativos del PLH de aplicar sanciones por inadecuado comportamiento de los miembros y le delegarían esta potestad a un Tribunal Disciplinario (en ochenta y dos años las cosas cambiaron radicalmente, quitándole la facultad, primero al jefe y luego a los Consejos Locales y Departamentales, de sancionar a los liberales afiliados al PLH).

Estos estatutos, igual que los aprobados en 1974, no le dan tantas facultades al presidente del partido, y en gran medida, la mayoría de facultades y decisiones le corresponde ejecutarlas y tomarlas a la Convención Nacional y al pleno del Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal de Honduras (CCEPLH), muy especialmente las relacionadas a “fijar las directrices generales de la orientación política del partido”.

En un siglo de historia partidaria, la figura del “jefe” había desaparecido de la normativa interna del PLH, para volver democrática la institución fundada a inicios de 1891 por Policarpo Bonilla.

El presidente del partido se desempeña en medio de una normativa estricta que le limita sus “antojos” y que restringe excesos; además, el presidente del partido tiene que interactuar en medio de distintos intereses intestinos, coadyuvar a fin de crear un clima de tolerancia, negociar, con distintas fuerzas internas que conforman el PLH, un planteamiento y una acción que satisfaga el común de los anhelos militantes, esto, aun y cuando en las pasadas elecciones internas y primarias, la corriente triunfadora obtuvo una mayoría absoluta que le da “luz verde” para poder avasallar a las minorías en las decisiones partidarias.

No obstante, toda esta normativa es “papel mojado” ante la recia personalidad, el abuso y la displicencia con la cual muchos de los expresidentes del PLH han manejado este instituto político; si bien en términos formales, no existía un jefe, si mucha de la militancia y dirigencia liberal asumían actitudes lacayunas que los convertían en “jefeados”, abdicando sus derechos y sometiéndose a los designios de un Presidente el CCEPLH que en tiempos de bonanza era el presidente de la Republica y en la “llanura” se convertía en el entristecido candidato presidencial derrotado, que sin fuerza alguna, abandonaba la conducción del partido condenándolo al anonimato y a la autodegradación.

Esa bifuncionalidad del líder del partido, candidato presidencial y presidente del partido, propiciaba que si se tenia éxito en las elecciones generales, se abandonaba la administración partidaria y se destinaban todos los esfuerzos a gozar del poder sin mas responsabilidad que fortalecer una casta oficialista para procurar retener los privilegios estatales y perseguir a los opositores internos; ahora bien, si se perdían las elecciones, los “jefes” se ausentaban, se recluían en la “amargura de los macaneados” (frase inédita del Dr. Rodolfo Pastor Fasquelle) y se negaban a desempeñarse como una responsable oposición o a reconstruir al PLH luego de la catástrofe eleccionaria, resistiéndose al relevo, simple y sencillamente para no perder “los sellos”, a los que utilizaban como elemento de “tranza” que les permitiera seguir con vida en esta salvaje política vernácula.

En esta ocasión, el Presidente del CCEPLH no será el mismo candidato presidencial; según ha trascendido, el candidato liberal, Manuel “Mel” Zelaya no ocupara la Presidencia del PLH, y únicamente dedicara sus esfuerzos a cautivar al electorado frente al próximo proceso electoral general (ni siquiera será el Coordinador de Campaña, cargo que ha cedido al Doctor Hugo Noe Pino, ex Presidente del Banco Central de Honduras, ex Embajador de Honduras en Estados Unidos y precandidato presidencial que obtuvo modestísimos resultados en las pasadas elecciones internas y primarias del PLH el 20 de Febrero del 2005). Es Patricia Rodas, la hija del extinto caudillo liberal, Modesto Rodas Alvarado, quien asumirá las riendas de la institución rojiblanca.

Así que, independientemente de los resultados electorales, la hija de Rodas Alvarado bien puede cambiar la historia del PLH, sin asumir posiciones despóticas que hagan recordar a los jefes del pasado y presente, ni demostrar la abúlica irresponsabilidad de los derrotados que como el mas vil de los egoístas, al ver sus particulares propósitos truncados, optan por “abandonar el barco en pleno mar”.

Para propiciar las grandes transformaciones de la historia, no se ha requerido tener la categoría de jefe, o hacer uso de medidas absolutistas; ha bastado tener un sueño, una idea, y convertir ambas en hechos concretos, procurando que la gente confíe en nosotros en la medida identifique nuestros sanos propósitos y nuestras nobles intenciones.

Seguro estoy que la figura presidencial del partido puede trascender estas próximas elecciones generales, puede superar la vigencia de un candidato a Presidencia de la Republica que logre éxito o fracaso en la justa electoral y “reingenierizar” al PLH; la conformación de un equipo de hombres y mujeres de mente abierta puede hacernos dar el salto.

Sin dejarse hipnotizar por la izquierda populista y procurando abandonar ese rancio y nocivo conservadurismo que ha sido característico de la gestión de las ultimas dirigencias partidarias, el primer reto de Patricia Rodas como Presidenta del CCEPLH será influenciar en sus compañeros de cúpula, en el liderazgo intermedio del liberalismo y la base popular, para que juntos convirtamos a esta institución, de una vez por todas, en liberal.

Liberal de sueños, liberal de ideas, liberal de hechos.

PD. Desde 1891 hasta la fecha, han sido Presidentes del partido Liberal de Honduras las siguientes personas: Doctor Policarpo Bonilla, General Terencio Sierra, Doctor José Ángel Zúñiga Huete, Doctor Antonio R. Reina, Licenciado Inés Navarro, Ingeniero Ángel Sevilla, Doctor Antonio Castillo Vega, Doctor Ricardo Diego Alduvin, Ingeniero Rafael Díaz Chávez, Doctor Rafael Medina Raudales, Doctor Gabriel Izaguirre, Doctor José Ramón Villeda Morales, Don José Mejia Arellano, Abogado Francisco Milla Bermúdez, Profesor Antonio Velásquez, Abogado Arturo Santo Pineda, Abogado Modesto Rodas Alvarado, Doctor José Eduardo Gauggel, Abogado Max Velásquez Díaz, Abogado Andrés Alvarado Puerto, Abogado Carlos Roberto Reina, Doctor Rodolfo Pastor Zelaya, Abogado José Pineda Gómez, Licenciado Felipe Elvir Rojas, Doctor Roberto Suazo Córdova, Abogado Oscar Mejia Arellano, Ingeniero José Simón Azcona del Hoyo. Profesor Romualdo Bueso Peñalba, Perito Mercantil y Contador Publico Juan de la Cruz Avelar, Ingeniero Carlos Roberto Flores Facusse y Profesor Rafael Pineda Ponce.

Comentarios: ml_rivera@hotmail.com
Web Site: omaredgardorivera.blogspot.com

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Best regards from NY! » » »

1:37 AM  
Anonymous Anonymous said...

best regards, nice info film editing classes

8:23 AM  

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