Tuesday, April 19, 2005

HABEMUS PAPAM

HABEMUS PAPAM

Cardenal Joseph Ratzinger (Benedicto XVI)

Por Omar Edgardo Rivera

La noche del Sábado 2 de Abril del 2005 falleció Karol Józef Wojtyła –Juan Pablo II (“El Grande”)- luego de padecer por muchos años de múltiples problemas de salud; a partir de tres golpes en la frente –con un pequeño martillo de plata- que el Camarlengo le propina al cadáver del líder absoluto del catolicismo mundial, a fin de verificar su muerte, se inicio la sucesión papal, convocándose a todos los cardenales del planeta a Roma, Italia, a fin de determinar quien seria el heredero de la silla de Pedro.

Wojtyła, dejo establecido un procedimiento especifico para la elección del nuevo dignatario católico en la Constitución Apostólica dictada por él e influenciada por las tradiciones milenarias; dice la norma, que luego de que los “príncipes de la iglesia católica” presten juramento para mantener en secreto “todo lo que se diga o se haga” durante el Conclave (con llave), cantaran el “Vene creador spiritus” –con la intención de invocar la ayuda del Espíritu Santo- y cerraran las puertas de la capilla decorada por Miguel Ángel, tras el tradicional “Extra ommes” (fuera todos). Allí, solos, los miembros del colegio cardenalicio
iniciaran la votación escribiendo bajo la leyenda “Eligo in summum pontificem” el nombre del que para cada uno de ellos es el digno sucesor de recién fallecido “Vicario de Cristo”.

Cada vez que se realiza una votación, un trío escrutador contara los votos para verificar si alguno de los nominados obtiene dos terceras partes del apoyo de los purpurados; de no ser así, se quemaran las papeletas junto a químicos que provocara una fumata color oscuro, misma que saldrá a través de una chimenea ubicada en el costado izquierdo de la plaza antes mencionada, signo que anuncia a la feligresía reunida en la Plaza de San Pedro que aun no tenemos papa. Si hubiese una mayoría calificada en la selección del Santo Padre el humo que saldrá por el conducto incinerador será blanco.

Todo esto sucedió sin el mayor percance en estos últimos días, culminando al final de la mañana –hora de Honduras- del Martes 19 de Abril del 2005, con la selección del alemán Joseph Ratzinger como la nueva “Cabeza de la Iglesia Católica Romana”; Ratzinger, era el favorito de todos los especialistas, quienes veían en el perfecto “vigilante” de la tradición y doctrina de la iglesia mas sólida del mundo.

Muchos elementos así lo hacían pronosticar y colocaban al germano en posición de ventaja frente a sus colegas eclesiásticos; se había desempeñado con éxito durante mas de dos décadas al frente de la Congregación por la Doctrina de la Fe del Vaticano (guardián del dogma y gran inquisidor) y durante los últimos años se había convertido en la “mano derecha” de Juan Pablo II. Fue quien encabezo el Vía Crusis en Semana Santa (al que el extinto patriarca católico siguió por televisión), fue el que ofició misa durante los funerales de “El Grande” y quien dirigió la ceremonia “Pro eligendo Pontífice”, era el decano del colegio cardenalicio (conformado por purpurados, de 52 países diferentes) y era el favorito en las encuestas.

La tradición, aquí fallo, Ratzinger “entro papa, y salo papa” (una frase muy común en el vaticano dice que “quien entra papa, sale cardenal” del Conclave).

El nuevo papa –quien nació el 16 de Abril de 1927 en Marktl Am Inn, en la región bavara de la frontera austro-alemana), es descendiente de una familia pobre, fue ordenado sacerdote el 25 de Junio de 1951 y creado cardenal por el papa Pablo VI el 27 de Junio de 1977, se desempeño como arzobispo de Münich y es el primer papa aleman despues de 480 años. A sus 78 años, Ratzinger –quien se autodenomino Benedicto XVI- tendrá un papado “corto, rígido y conservador”, anuncian muchos.

Según la Televisión Española (TVE) “enfrentara el reclamo para una mayor renovación y colegiabilidad”, sin embargo, las posibilidades que eso se de, están alejadas; Ratzinger es un ortodoxo que cuando tuvo la oportunidad hizo callar las voces disidentes a lo interno del catolicismo, tal y como hiciera en América Latina con los impulsores de la Teología de la Liberación (así lo recordábamos en mi reciente articulo “Juan Pablo II” en donde adelantamos que era “un posible sucesor de Juan Pablo II y… ofrecía… una línea continuista en el conservadurismo” católico).

Una muestra palpable de ese conservadurismo por venir, son algunas de sus alocuciones en las cuales manifestó su deseo de corregir esos “peligrosos” cambios que a lo interno del catolicismo algunos querían propiciar; durante la realización del Vía Crusis manifestó que la Iglesia Católica era una “barca que hace aguas” debido a “la soberbia y autosuficiencia” que la envuelve (incluso manifestó: “¡Cuanta suciedad hay en la Iglesia!”), como adelantando su vocación por limitar la influencia de nuevas voces de cambio, y profundizar su adhesión a la tradición y doctrina original, durante la reciente “Pro eligendo Pontífice”, el numero 265 en la sucesión de Pedro, dijo que“los católicos no pueden permanecer inmaduros en la fe, en estado de inferioridad, ya que corren el riesgo de ser zarandeados y llevados de una parte a otra por cualquier viento doctrinal. El pensamiento de muchos cristianos ha sido muchas veces zarandeado por esas olas, arrojado de un extremo a otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje, del colectivismo al individualismo radical, del ateismo al misticismo religioso, del agnostismo al sincretismo” (Ratzinger ha llegado al extremo de catalogar la homosexualidad como un “mal moral”, es decir, considera a los gay y lesbianas como “moralmente malos” por definición, sin que medie argumento alguno).

De tal forma que con el inicio del periodo pontificio (de puente: puente al cielo, medio para comunicar a Dios con su pueblo) de Benedicto XVI, las probabilidades de que se generen cambios en la Iglesia Católica son reducidas; Y no es que tenga “poca fe” o que este “ausente de mi escritorio el Espíritu Santo” -como me comento un lector a través de un e-mail-, no es eso, lo que pasa es que “de la abundancia del corazón, habla la boca” y “a confesión de parte, relevo de pruebas”. El nuevo Santo Padre no dejara “zarandearse” por las nuevas formas de pensamiento ni el reformismo que exige una modificación del enfoque que el catolicismo le da a temas sensitivos que afectan a nuestra sociedad; es de esperarse, con la presunta actitud del Sumo Pontífice, que se seguirá “defendiendo” a los hombres y mujeres “ante un mundo permisivo y lascivo”, y por ningún motivo reconocerá el derecho de la mujer a ser ordenada sacerdote, ni la aceptación generalizada e incondicional del divorcio, ni dará “luz verde” a la suspensión del celibato de los clérigos, ni profundizara respecto a causas validas para realizar un aborto, ni la conveniencia de los anticonceptivos, ni mucho menos reconocer que los homosexuales tienen el derecho a definir sus preferencias sexuales.

Muchos estaban esperanzados a que con el nuevo papa las cosas fueran a cambiar, que se generara una metamorfosis, un cambio radical; sin embargo, los cardenales pensaban diferente, y como dice el Padre Alberto Cutié, seleccionaron a alguien que –precisamente- fuera un “guardián” de las tradiciones que datan, muchas de ellas, de hace dos milenios.

“Habemus Papam”, si, tenemos papa, ya lo tenemos; se llama Joseph Ratzinger, y muy pocas cosas cambiaran hasta tener uno nuevo.

Posdata: La enorme cobertura mediática a la figura del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, lo ubican, a partir de esta fecha, como una autoridad moral para la iglesia católica latinoamericana; su influencia será enorme a nivel mundial, y ahora todo lo que diga o haga tendrá un mayor impacto que en el pasado reciente, lo que podría ser utilizado para gestionar por Honduras mejores condiciones de trato en el concierto de las naciones; no obstante, el mayor impacto que podría tener la vigencia global del nombre del Cardenal Rodríguez Maradiaga –al margen de los “juicios de valor” a la personalidad o conducta del Arzobispo de Tegucigalpa- es el animo de los hondureños, al demostrar que una trayectoria nutrida de esfuerzo, dedicación y estudio, pueden colocarnos en la cima de cualquier disciplina, profesión o institución. Él ya lo demostró.

Comentarios: ml_rivera@hotmail.com