Monday, April 11, 2005

BUCHENWALD

BUCHENWALD

Recuerdos de mi periplo germánico y un aniversario especial

Por Omar Edgardo Rivera

En dos ocasiones distintas he visitado el campo de concentración de Buchenwald en Alemania (1995 y 2004); cada vez que pise el Memorial Buchenwald, me sorprendí de lo inconsciente y despiadados que podemos ser los hombres con nuestros semejantes. Imaginarme lo que sucedió en ese frío y lúgubre lugar aun causa en mi, los mas contrariados sentimientos, porque a pesar de haber pasado mas de medio siglo, allí –en la colina de Ettersberg- se respira muerte.

El pasado fin de semana se cumplió el sesenta aniversario de la liberación de los prisioneros en Buchenwald por parte de las tropas aliadas; ver en la televisión alemana (DW International) un reportaje al respecto, me motivo a recordar mis vivencias allí, compilar lo mas importante de mis apuntes de viaje y mis lecturas, resumir lo mas valioso de los libros y folletos que recogí en el Memorial Buchenwald y compartirlo con mis lectores, en el marco de tan importante conmemoración.

He visitado Europa en cuatro ocasiones, tres de ellas a Alemania; durante mi estadía en tierras teutonas, siempre he visitado una bella ciudad llamada Weimar. Ubicada en el Estado Libre de Thüringen, en el centro geográfico germánico, Weimar es famosa por ser la ciudad donde el literato Johann Wolfgang Goethe escribió algunas de sus mas célebres obras, como por ejemplo la versión definitiva de “Fausto”; además, entre 1787 y 1805, también vivió en Weimar Friedrich Schiller, quien escribió en esta ciudad, entre otras obras, su “Guillermo Tell”. Fue en Weimar, donde después de la Primera Guerra Mundial y la abdicación del káiser y los príncipes reinantes, donde Alemania se trasformo en Republica (La Republica Weimar) cuando la Asamblea Nacional, elegida en 1919, promulgo una nueva Constitución. En las proximidades de Weimar también se encuentra Buchenwald, del que hoy les quiero escribir.

Desde el centro de Weimar se necesitan apenas unos cuantos minutos para poder llegar a Buchenwald, que se encuentra ubicado a 10 kilómetros al norte de la ciudad; al hacer el recorrido, fácilmente podemos imaginarnos el viaje que hacían los prisioneros hacia ese “infierno”, cuando desde la estación eran trasladados por agentes de la SS.

Según el instructivo-guía, que aun conservo celoso en mi modesta biblioteca, “el camino desde Weimar hasta Buchenwald es la calle Ettersburgerstraße; dos kilómetros después del anuncio carretero “Weimar”, en la plaza Fréderic-Manhès (obelisco, 1961) el camino se abre hacia la izquierda, en una ruta construida por los prisioneros (este sendero es conocido como Camino de Sangre; basta tener sentido común para darse cuenta porque fue denominada así), que dirige directamente al campo”. Hoy en día, se puede observar aun, un segmento de esta “cruenta” calle que esta conservada tal cual fue aperturada. Paralelo al ensangrentado sendero circulaba la línea férrea, construida también por los prisioneros en 1943.

Al llegar al centro de información del Memorial, uno puede adquirir toda la documentación relacionada a la historia de Buchenwald, hay una muy nutrida librería donde se pueden adquirir libros, revistas, postales y otros materiales en alemán, ingles y –algunos pocos- en español. También, puede uno alquilar un sistema de audífonos (tipo walkman) que al insertar un minidisco compacto le relata minuciosamente los aspectos históricos mas relevantes del campo de concentración; el minidisco tiene una serie de relatos que tienen un numero correlativo a “boyas” que están ubicadas a lo largo de todas las áreas del campo y edificaciones, de tal forma que si estoy frente a la señal numero 23, tendré que buscar el segmento numero 23 del minidisco, y allí mismo, me relatara todo lo que esta a mi alrededor, en crónicas de mas o menos cinco minutos cada una (fue interesante ver a cientos de personas recorriendo entretenidamente el Buchenwald, por horas y horas, sin la necesidad de un tan solo guía cultural).

Según la información con la cual cuento y lo que he investigado, el campo de concentración Buchenwald “fue construido en Julio de 1937 sobre la colina del Ettersberg en la cercanía de la ciudad de Weimar”. Desde el acceso al poder de Adolf Hitler y los nazis, ellos buscaron la manera de deshacerse de los “elementos indeseables” de la sociedad con el propósito de hacer prevalecer su visión de la raza aria dominante.

Muchos de estos “indeseables” fueron recluidos en Buchenwald, especialmente aquellos prisioneros quienes tenían problemas políticos con el régimen nacional-socialista, pero también fueron privados de sus libertad los judíos, los gitanos, los minusvalidos físicos y psíquicos, Testigos de Jehová, homosexuales, algunos intelectuales, los denominados antisociales y todo aquel que se interpusiera en el camino de los nazis, extendiéndose el espectro con el comienzo de la segunda guerra mundial, en donde fueron detenidos representantes de diferentes naciones (el día de la liberación, el 95% de los detenidos era de origen extranjero); al principio Hitler ordeno su exilio o internamiento, pero cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó a librarse por tierra, mar y aire, entro en acción la maquinaria de la muerte.

A diferencia de otros campos de concentración, Buchenwald no fue, inicialmente, un campo de exterminio; era en realidad un campo de trabajo. A partir de 1943 los prisioneros del campo de concentración fueron explotados en trabajos para la industria bélica; fue un campo de trabajo donde aniquilaron a los débiles y donde los sanos murieron trabajando. Además, Buchenwald desempeño la función de ramal de Auschwitz (campo de exterminio en Polonia) y Groß-Rosen, sobre todo para los judíos, que casi siempre pasaron una breve temporada aquí antes de ser transportados a la muerte en las cámaras de gas y en los hornos.

Las jornadas laborales era crueles y despiadadas; por ejemplo, en un inicio, cuando todavía no se terminaban de construir las instalaciones del campo de concentración, los internos eran obligados a transportar grandes piedras de la cantera al campo (los que tuvieron la ocurrencia de acarrear piedras pequeñas eran ejecutados en el acto); mas adelante, encadenaron decenas de prisioneros a un enorme carro de cuatro ruedas para arrastrar enormes cargas hasta las áreas de construcción del campo, mientras eran obligados a cantar (a esos prisioneros los de la SS llamaban los “caballos cantores”).

En Buchenwald, no habían cámaras de gas, y es que no eran necesarias, pues los cautivos morían de la fatiga y sobreesfuerzo en las jornadas diarias de trabajo; los internos trabajaban tanto en las fabricas –instaladas a lo interno del campo- como en los terrenos de cultivo, hasta que caían muertos, y según David A. Hackett (The Buchenwald Report-1995) “la esperanza de vida rondaba los tres meses”.

El objetivo de Buchenwald consistía en la destrucción de los prisioneros mediante el trabajo; a propósito, recuerdo con claridad esa “plaza de los llamados”, la cual tuve la oportunidad de recorrer, una inmensa extensión de terreno en la cual se efectuaba la cuenta diaria de los prisioneros, dos veces al día; según la ocasión y circunstancia, la misma se convertía en lugar de ejecuciones y torturas. Allí se les “contabilizaba” en la madrugada, antes de la jornada laboral, y en la noche, una vez culminada la faena; sin importar el frío, el hambre, la enfermedad (imagínense lo que significa ser contado entre decenas de miles de prisioneros diariamente, seamos empatitos y por un momento reflexionemos acerca del salvaje sufrimiento de estos hombres y mujeres que con temperaturas bajo cero grados centígrados, en algunas ocasiones, fallecían en plena registro de asistencia).

A pesar de que Buchenwald nunca fue un campo de exterminio, se efectuaron asesinatos en masa a prisioneros, a través de numerosos experimentos biológicos y químicos con los internos; se desarrollo toda una serie de investigaciones medicas de consecuencias mortales para los sometidos a la experimentación.

Tuve la oportunidad de visitar el Museo de Buchenwald, y allí darme cuenta de las atrocidades que realizo la Estación Experimental para la Fiebre Tifoidea y el Instituto de Serum contra la misma enfermedad.

Los investigadores médicos de la SS en Buchenwald, fomentaron las esterilizaciones sin anestesia, las inyecciones experimentales de nuevas drogas y disparatadas pruebas de resistencia humana ante el dolor, el calor y el frío. Los “carniceros” nazis sometieron a los prisioneros a vivisecciones, llevaron a cabo experimentos con sus hígados, al tiempo que les inyectaban veneno en las heridas. También inoculaban a las victimas enfermedades letales y luego las sometían a un estrecho seguimiento; contaminaron a cientos de prisioneros de enfermedades, a los que los médicos los observaban mientras perdían la vida en una agonía lenta y espantosa. En fin, eran verdaderos conejillos de indias.

Otra forma de quitarle la vida a muchos de los privados de su libertad, muy especialmente aquellos que tenían cierta ascendencia sobre los demás los recluidos, era la de un falso llamado a la enfermería para un chequeo medico general, en el cual hacían pasar al prisionero a un lugar en el cual había un aparato para medir la estatura de las personas, ese aparato tenia orificios cada diez centímetros y a través de el, le disparaban en la cabeza al sometido a revisión medica (esto yo lo pude ver y tocar, personalmente, en la “Enfermería para Prisioneros” en la sección I del campo). Disimulaban el ruido de las ejecuciones con un radio al máximo volumen. Gran parte de los fallecidos eran quemados en el crematorio (Crematorio-1940: Antigua sección patológica. Hornos crematorios construidos por la firma “Topf e hijos” en Erfurt).

El abuso moral era extremo; leyendo un muy buen libro que me regalo mi buen amigo, el Abogado Otto Boesch M. (Los mas malos de la historia de Miranda Twiss – Ilse Koch, La Zorra de Buchenwald), encontraba un interesante pasaje que desnuda los abusos de la esposa del Comandante del campo de concentración de Buchenwald, SS-Standartenführer Kart Koch: “De día caminaba por el campo látigo en mano y pegaba a los detenidos cuyo aspecto no le gustaba. La mera vista de los que sufrían le dilataba las pupilas y le aceleraba el pulso. Echaba el perro a las embarazadas y chillaba al comprobar que se asustaban. No tardo en entregarse a orgías de depravación y a los mas horrorosos actos sexuales. De noche organizaba orgías lésbicas y luego se dedico a los subordinados de su marido y llego a tener aventuras con doce a la vez. A Ilse Koch –la esposa del Comandante de Buchenwald- le encantaba adornar su hogar con trofeos malsanos y ordeno que decapitaran a varios prisioneros y encogiesen químicamente sus cabezas para que quedaran del tamaño de un pomelo. Se ocupo de que les desollaran y que con su piel la costurera preparara cubiertas para libros, billeteros, guantes y pantallas”. En resumidas cuentas, un espanto!.

Desde 1937 hasta 1945 fueron detenidas 250 mil personas en total, pereciendo en el mismo margen de tiempo mas de 50 mil. Las tropas americanas de la tercera compañía alcanzaron la colina de Ettersberg el 10 de Abril de 1945; ese día se encontraban en el campo de concentración alrededor de 21 mil personas, entre ellas 900 niños y adolescentes. Desde 1937 hasta 1945 fueron detenidas 250 mil personas en total, pereciendo en el mismo margen de tiempo mas de 50 mil.

Leer sobre Buchenwald impresiona, pero ver los vestigios de lo que fue un calvario para miles de hombres y mujeres, es aun mas impactante. Las instalaciones se procura mantenerlas muy bien conservadas a fin de que la gente pueda recordar, y fortalecer la disposición generalizada de que hechos como este no vuelvan a ocurrir jamás, nunca mas.

Actualmente el memorial Buchenwald es parte de la Fundación Memorial Buchenwald y Mittelbau-Dora, financiada en parte por el gobierno alemán y en parte por el estado federal de Thüringen. El Memorial esta dedicado al recuerdo del campo, y como me dijo la encargada de la oficina de información: “el tema central es el recuerdo a los años amargos del campo de concentración”.

En este sesenta aniversario de la liberación de los prisioneros de Buchenwald, habrá que pedirle a Dios y a los hombres que esta pesadilla no vuelva a aparecer en ningún tiempo.

Fuente: Memorial Buchenwald, Buchenwald Concentration Camp 1937-1945 (1993); Memorial Buchenwald, Buchenwald (2000); Twiss, Miranda, Los mas malos de la historia, Ilse Koch, La Zorra de Buchenwald, Ediciones Martínez Roca, S. A. (2003); Hackett, David A., The Buchenwald Report, Westview, Oxford (1995); www.buchenwald.de (2005).

Comentarios: ml_rivera@hotmail.com
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2 Comments:

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